«¡Elena, plantéanos proyectos e ideas relacionadas con sostenibilidad!». Esta era la frase de una directiva que me animaba a participar en los presupuestos que habían destinado a proyectos de innovación, que llevaran aparejada la palabra «sostenibilidad».

Es una realidad, a lo largo de este año, he percibido como este vocablo ha cobrado fuerza en diferentes ámbitos, especialmente en el económico.

Si lo pensamos SOSTENIBILIDAD tiene que ver con ecología, con economía circular, con longevidad empresarial e incluso con el de economía naranja. Vamos a analizar estos términos en mayor detalle:

  • ECOLOGÍA: La escalada de consumo del siglo XX trajo el escaseo de ciertas materias y con ella la preocupación de que nuestro planeta podría no llegar a satisfacer nuestra constante demanda de recursos. Entonces empezó a cobrar importancia este término con un enfoque económico persiguiendo devolver el equilibrio.
  • ECONOMÍA CIRCULAR: Algunos expertos vaticinan que la economía lineal, es decir la que se basa en el esquema producir-usar-tirar está tocando a su fin. Su lugar será ocupado por la economía circular donde ese «tirar» viene a ser sustituido por las variables reducir/reusar/reciclar. Se plantea como alternativa un servicio que nos pone en el camino de la sostenibilidad.
  • LONGEVIDAD EMPRESARIAL: La esperanza de vida de las compañías que figuran en Fortune 500 ha pasado de 75 a 10 años, según Forbes, y una economía estable y sostenible precisa de la existencia de compañías longevas. Por tanto, las marcas no pueden permanecer de espaldas a este fenómeno.
  • ECONOMIA NARANJA:  Si como hemos visto en el punto anterior, estamos ante una deficiencia de empresas longevas. Hay una oportunidad en una economía basada en lo cultural y en las industrias creativas que sostienen la diferenciación y que producen cerca de 4.293.000 millones de dólares anuales. De hecho, ya en 2011 se alcanzaron intercambios por un total de 646.000 millones de dólares, convirtiéndose en el quinto bien más comercializado del planeta.

Todo ésto está revolucionando el mundo como lo conocemos. Y, volviendo al principio de este post, ¿qué tiene que ver ésto con la disciplina y los proyectos de customer experience que lidero?

Pues bien, en la última década, ha surgido un nuevo perfil de consumidores, que demanda conocer el origen de los productos y su ciclo de vida. Que valoran la creatividad y sus exponentes.

Marcas de sectores tan dispares como la telefonía o la moda han visto cómo escándalos sobre su modelo productivo en el tercer mundo impactaba de forma directa en la percepción de su marca. También, cómo no, en la vinculación emocional de sus consumidores. Por tanto, hay una gran oportunidad de diferenciación emocional por esa vía. Los consumidores comprometidos buscan marcas que den respuesta a sus inquietudes, y cuando las encuentran se convierten en brand ambassadors.

Por concluir, una economía estable y sostenible precisa de la existencia de compañías longevas. ¿Y cómo lograr que las organizaciones perduren en el tiempo? La respuesta está en las emociones y está en mi publicación más reciente, Forever Young Strategy.

Cerramos el círculo, nunca mejor dicho 😉 y predigo que «Sostenibilidad» será el tema de 2019.

Tened unas navidades FANScinantes!

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