“Imitar es algo innato en el ser humano». Copiamos y nos vemos atraídos por lo que observamos.

Estos días me preguntaban: ¿tenemos poca personalidad? ¿Cómo puede ser que ahora jóvenes y maduros sigan la moda Hipster?

Con la ola de calor que ha hecho en Madrid y en la búsqueda de inspiración para mi próximo libro que verá la luz a finales de año, aproveché a visitar «el Perro y la Galleta». Estaba disfrutando de la experiencia creada por la familia Fontaneda alrededor de su pasión (Claudio, mascota de la familia) y el producto por antonomasia (las galletas), cuando fue inevitable mantener esta conversación. Allí todos los camareros, iban con un “look de tendencia”, lo hipster.

Y es que seguimos pensando que somos seres racionales y no entendemos que no es que se trate de un problema de personalidad sino que llevamos miles de años imitando lo que vemos, de hecho aprendemos por imitación.

Incluso los que nos dedicamos al mundo del «management», observamos cómo hay tendencias, y cómo las organizaciones se copian unas a otras. Incluso como decíamos en mis anteriores post, en estos momentos hay una tendencia y una demanda de saber más sobre cómo funcionamos, de ahí que se requiera formación de neuromarketing y ésta se esté poniendo de moda. Ahora, también es importante tener claro y encajar este término, el de la neurociencia y el de la “neuroeconomía”.

¿Y qué es la “neuroeconomía”? Se trata de la combinación de la psicología, la economía y la neurociencia para estudiar cómo las personas tomamos decisiones. Sus pilares básicos son:

  • “Behavioral Economics” (economía del comportamiento) que es una aproximación descriptiva de la economía que pone el foco en cómo las decisiones son tomadas frente a cómo las decisiones deberían ser tomadas. Su representante es Daniel Kahneman, que ha sido el primer psicólogo que ha obtenido un premio nobel de economía. Lo que viene a decir esta aproximación y la teoría de Kahneman (The prospect Theory) es que los directivos tendrán que ir más allá de las explicaciones racionales para dar sentido a cómo los individuos nos comportamos.
  • “La neurociencia”. El máximo exponente de esta teoría es Antonio Damasio (Descartes´s Error, 1994). Según él, “sin emociones no hay toma de decisiones”. Es decir, detrás de cualquier comportamiento, hay una emoción, lo que da a las emociones un papel fundamental en nuestras vidas. Tras sus investigaciones descubrió que las personas que tienen dañada la parte emocional del cerebro son incapaces para tomar decisiones, especialmente para comportamientos sociales y en juicios financieros.

Sería en éste último pilar donde se encajaría el Neuromarketing, que supone la aplicación de técnicas neurocientíficas aplicadas al ámbito del marketing, analizando cuáles son los niveles de emoción, atención y memoria que poseen los diferentes estímulos percibidos de forma consciente o subconsciente con la intención a mejorar la gestión de recursos en la compañía.

Veremos en los programas que se están proponiendo de formación sobre éstas materia tanto en Madrid como en la Rioja, cuál es el enfoque definitivo que se le da a esta tendencia que se extenderá por imitación seguro a otras universidades.

¿Tú también te vas a dejar barba? 😉

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