“Las historias son acontecimientos cognitivos importantes porque comprenden, en un paquete condensado, información, conocimiento, contexto y emoción”. Roger C. Schank, afirmaba que los humanos no estamos equipados para entender la lógica sino para entender las narraciones.

Es decir, las historias son más fáciles de recordar porque, en muchos sentidos, nuestra memoria es narrativa. Recordamos a través de historias. Por otra parte, y dado en el momento de la historia donde nos encontramos se caracteriza por la libertad de acceso a los datos y a la información a través de internet, los datos pierden su valor y lo que empieza a ganar importancia es situar los datos en contexto y presentarlos con impacto emocional.

Las historias con impacto emocional, por tanto, se convierten en una herramienta muy útil de cara a generar un mayor vínculo tanto con clientes como para reforzar el vínculo con los empleados e incluso es una herramienta útil en nuestra vida personal y profesional. El arte de contar historias, supone la incorporación de la narrativa a la gestión de las organizaciones y a la forma de comunicarse. Algunas organizaciones ya se han percatado de la potencia de desarrollar historias con un objetivo, por ejemplo el Banco Mundial es pionero contando historias que contienen y transmiten conocimiento, 3M imparte cursillos de narrativa a sus ejecutivos superiores y la NASA ha comenzado a usar la narrativa en sus iniciativas de administración de conocimientos.

Por otra parte hay que decir que, contar historias que activen las emociones no es tarea fácil. Así aprovecho, a mencionar la historia de Álvaro Blanco, un desarrollador de audioguías, que un día con un sueño y apostando con todos sus bienes personales, montó una exposición que me ha llegado al corazón no sólo por todo el contenido histórico que ha recogido, ni por cómo ha recreado e hilado hechos históricos y científicos, sino por la propia historia de su hazaña. Alvaro, es un empresario salmantino que hoy es Director de la exposición de la Sábana Santa en Málaga. Avanzaros que sin más información que el conocimiento de la historia del sudario de Oviedo y sin más medios que los propios, ha trabajado estos años sin descanso. El objetivo, hilar la historia de una tela que presentaba una imagen borrosa e impronta del cuerpo de un hombre terriblemente torturado aparecida en el año 1353 de la mano de un caballero llamado Geoffroi de Charny del pequeño pueblo francés de Lirey.

Su historia y la de la exposición merecen su mención en este post. ¡Os animo a visitarla en estas fechas vacacionales y a adentraros en el arte de sumergir y contar historias como vehículo de comunicación!

 

 

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