¡Déjame que lo saco en Facebook!

“¡Nos hemos vuelto locos! Nos pasamos la vida pendientes de las redes sociales, publicamos todo tipo de fotos, saludos, etc. ¡Es más! llegamos a caer en situaciones casi absurdas y decidimos felicitar que es lunes, martes por la mañana, damos las buenas tardes, las buenas noches, etc” Cada vez es más habitual compartir este tipo de reflexiones con otros profesionales e incluso entre allegados.

Y es que nada es suficiente a cambio del preciado tesoro: los “likes” de seguidores y amigos. Y lo que todavía es más poderoso, “los comentarios”.

Incluso no somos conscientes del tiempo que “desaparece” desarrollando toda esa actividad. Ni del que le quitamos a “otros” embebidos en nuestros dispositivos preparando las publicaciones.

Tengo amigos de profesión preocupados porque no suben de seguidores y ni siquiera están valorando la calidad de los que han hecho y que mantienen.

Hay una serie de televisión que se está haciendo bastante conocida y que trata de los efectos adversos de la evolución de la tecnología. Cada capítulo es distinto y uno de ellos proyectaba la vida dentro de unos años. Contaba cómo cada persona tenía una vida mejor o peor en función del número de “likes” que recibía (una especie de indicador de popularidad). Hasta el punto de no poder coger un avión, ni alquilar un coche porque no tenías “likes” suficientes.

La pesadilla por la que pasa la protagonista hace reflexionar sobre la especie de locura en la que ya estamos.

¿Y cómo tener likes? Hay agencias de comunicación que apuestan por la frecuencia de los mensajes. Te dicen que tienes que tener un mínimo de “x” veces al día. Leía recientemente que para poder tener más éxito en las redes sociales los “influencers” teníamos que quitarnos la máscara, ser más personas. Y en realidad, ponía encima de la mesa algo que está en la boca de todos. Sólo se suben a las redes los momentos o fotos “perfectas”, hasta el punto que la vida de cada uno, resulta a veces artificial.

Este pensamiento que comparto en este artículo, me llevó a otro, para llegar a lo que quiero concluir.

En estos días tuve la oportunidad de asistir a un evento de mi antigua universidad y escuchar a distintas personalidades reputadas del mundo del periodismo, la política y otras ciencias hablando de temas que están en boca de todos, como la digitalización, la inteligencia artificial, el futuro, etc. Observando y escuchando a los ponentes, detecté algo curioso.

Carta invitaciónEn su gran mayoría, compartían “citas”, “frases” o contenidos de artículos de “otros”. “Como dijo Aristóteles”, “Como dijo Cicerón”, “Como dijo Churchill”, “he leído esta mañana en un artículo”…Ninguno usaba frases propias.

Quizá la respuesta a la pregunta que encabeza este texto o la clave para conseguir notoriedad, está en despertar emociones, y eso lo podemos conseguir buscando en NOSOTROS MISMOS.

Puede ser que no sea necesario estar presentes de forma continua sino, de la misma forma que en la vida personal, hacerlo cuando es necesario o relevante, y desde luego escuchando y aportando las ideas y experiencias que habitan en nuestro interior . ¿No creéis?

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